martes, 19 de febrero de 2013

¿Mentimos sobre los libros que leemos?

 
Según una encuesta llevada a cabo por Spread The Word hace un par de años, el 65% de las personas que dice haber leído un libro nunca lo ha hecho. Y el el 41% admite haber leído la última página antes de finalizar más de un libro para ver cómo acababa la historia.

La encuesta incluía también una lista con los libros sobre los que más mentían los británicos, dos de ellos de divulgación científica:

1. 1984, de George Orwell (42%)
2. Guerra y paz, de León Tolstói (31%)
3. Ulises, James Joyce (25%)
4. La Biblia
5. Madame Bovary, de Gustave Flaubert
6. Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking
7. Hijos de la medianoche, Salman Rushdie
8. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust
9. Los sueños de mi padre, de Barack Obama
10. El gen egoísta, de Richard Dawkins
FUENTE: REVISTA MUY INTERSANTE http://bit.ly/K5Dbki

lunes, 18 de febrero de 2013

TODO POR UN POST

Abrimos nueva sección donde podéis dejarnos vuestros textos literarios. Hoy empezamos con una colaboradora que nos ha escrito este relato corto. Esperamos que os guste.

-TODO POR UN POST -

Algo se rompió, como un jarrón hecho trizas caído desde algún lugar muy alto. Pequeños retazos de palabras, susurros a media voz, y luego el silencio más absoluto y lastimero.
Margarita no con...taba con ello, nunca jamás imaginó esa dejadez y ese desdén tan rápido, como venido de la nada, de golpe sin explicación alguna, sin motivo aparente, ni una noticia de aquello que ella imagino como una amistad duradera.
Un año antes había iniciado una relación de camaradería. Primero unas risas, luego unas confidencias, más tarde intimidades y la desnudez de su vida expuesta a través del teclado de un ordenador. Corrían los dedos por las teclas para contarse historias, todas nuevas para aquellas manos que le respondían, para aquella persona que tras otra pantalla escuchaba, escribía y comprendía. El mundo se transformó en una ansía diaria por leer, por saber más y por vaciarse de sus esperanza, de sus anhelos, sus deseos, sus frustraciones y desengaños.
Una inmensa alegría diaria de poder contar todo aquello que le había ocurrido, una forma de compartir su cotidianidad con alguien a quien no conocía, pero que la comprendía mucho mejor de lo que nunca hubiese soñado.
Y llegó el día del encuentro. Un día de nervios, de inseguridades, de pensar que quizás no estaría a la altura. Y se encontraron y no existieron barreras, parecía que fuesen dos amigos que hacía tiempo que no se veían y se habían vuelto a encontrar. Se multiplicaron las confidencias y se pasaron el tiempo en una charla en un sin fin de palabras y sentimientos que salían a borbotones. Se prometieron volver a verse.
Entonces Margarita pensó que esa persona formaba parte de su vida. No eran unas manos que tecleaban, era un amigo de carne y hueso, que podía contar con él para todo, que la vida le había regalado algo que antes no tenía.
Los días iban pasando y la amistad se reforzaba con mensajes. Encender el ordenador era tener una esperanza de encontrar quizá unas simples palabras que la hacían crecer, que le daban aliento y la confortaban. Día a día, hora a hora, se convirtió en una esclava de sus ojos y sus dedos. De horas de espera frente a la pantalla en espera de que al otro lado alguien tecleara algo. Y cuando sucedía se sentía alegre y querida, importante.
Los meses pasaron y esa adrenalina del principio se convirtió en costumbre, hasta que un día nadie respondía a sus mensajes, y pasaba horas y horas delante de una pantalla inerte que no contaba nada. Entonces se rompió la magia de esa amistad duradera, de ese querer en la distancia, de esa camaradería que tanto le había hecho soñar. En ese momento se dio cuenta de su ingenuidad y arrojo; miró su vida, sus días, sus momentos, sus sueños y se sintió el ser más pequeño del mundo. Su vida había consistido en un tiempo en simplemente un post y había un mundo de carne y hueso ahí en la calle, de encuentros reales y palabras dichas sin dedos que la esperaba.
 

Núria García